PSICOANÁLISIS EN MÉXICO

EXPERIENCIAS CON GRUPOS TERAPÉUTICOS DIDÁCTICOS

Dra. Marie Langer.


Casi dos años atrás la Dra. Berta Blum, entonces directora del departamento de Estudios Superiores en Psicología Clínica, propuso al Dr. José Remus Araujo hacer una experiencia grupal, terapéutica con estudiantes de maestría y doctorado, e incluyó posteriormente los grupos terapéuticos en el plan de estudio que, poco tiempo después, fué aceptado en una junta por mayoría de votos de los maestros presentes.

Siendo maestra en estudios superiores, empecé mi grupo en febrero 1976 y comencé posteriormente a supervisar el grupo coordinado por los doctores Isabel Díaz Portillo y Teófilo de la Garza que están trabajando en psicoterapia. Finalmente empecé a supervisar otro grupo, con encuadre parecido, aunque no idéntico, que se había iniciado en otra unversidad estatal, pero fuera del D.F.

Dado el interés que despertó aquí la exposición de la Dra. Blum sobre estos grupos, pensé que pudiera ser útil, ubicar y describir la experiencia, aunque todavía no haya terminado.

Veamos primero, en breve introducción, tanto la historia de grupos terapéuticos institucionales, como de grupos al servicio de la enseñanza de psiquiatría o psicoterapia grupal, ambos de esquema referencial psicoanalítico en Latinoamérica. Al principio de los años 50 Enrique Pichón-Riviére introdujo en el Hospicio de las Mercedes los primeros grupos terapéuticos. Posteriormente, en otra sala, le siguen Morgan, Resnik y Usandivaras en la misma experiencia. Algo más tarde, junto con la fundación de la Asociación de Psicología y Psicoterapia de Grupo (Buenos Aires) se empieza a trabajar con grupos en el Instituto de Neurosis. Es la época del 1 Congreso Latinoamericano de Psicología y Psicoterapia de Grupo (Buenos Aires 1957) acontecimiento que marca la difusión en los distintos países de la terapia grupal de marco referencial psicoanlítico en los centros asistenciales.

En la misma época Pichón-Riviére elabora su concepto de grupos operativos. Sostiene que la ansiedad que despierta acercarse a la psicosis, dificulta el aprendizaje vivencial adecuado de la psiquiatría. Por eso propone que las clases magisteriales sobre esta materia sean seguidas por grupos de libre discusión por parte de los estudiantes. Será tarea del coordinador, detectar los emergentes y señalar cómo y cuando surge la ansiedad-obstáculo de aprendizaje, para poder elaborar y superarla.

En el Primer Congreso el Dr. Carlos Whiting de Santiago de Chile relata otra experiencia interesante. Reúne estudiantes de psiquiatría en grupos terapéuticos, utilizando sus interpretaciones, para ejemplificar diferentes items. “Es esto, lo que entendemos por complejo edípico”, dice, p.e. o “lo que usted hizo fué utilizar un mecanismo de defensa que llamamos proyección”.

También en la misma época Wener Kemper, analista didáctico del Instituto Psicoanalítico de Río de Janeiro intentó introducir en la Asociación Psicoanalítica como requisito didáctico grupos terapéuticos para los candidatos. Pero esta iniciativa fué muy controvertida y terminó pronto.

En diferentes asociaciones de psicoterapia de grupo analíticas, como también aquí en México, en el AMPAG la asistencia prolongada a un grupo terapéutico es prerequisito fundamental para la formación. Pero estos grupos suelen desarrollarse en consultorios privados y no ser homogéneos, es decir, en ellos participan pacientes y futuros terapeutas.

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Veamos ahora nuestros grupos y sus características. Son institucionales, como los que funcionan en diferentes servicios hospitalarios. Eso significa que el encuadre abarca, no solamente los integrantes del Grupo y sus terapeutas, sino también la relación de todos con la institución. Como estos, los grupos de la UNAM son gratuitos, de tiempo limitado y cerrados. Pero se diferencían, por ser preformados y por su doble meta o finalidad.

Empecemos con este último punto que es fundamental: son grupos terapéuticos y de formación. Para el psicólogo clínico la experiencia grupal es parte central de su aprendizaje, aunque no sea obligatoria. De ahí que acuden quienes, consciente o inconscientemente buscan cambiar, sufren, sea de síntomas concretos, sea de inhibiciones o dificultades de conducta y vienen, a este nivel, como cualquier paciente para curarse. Pero además son estudiantes de psicología y pronto se dedicarán, a su vez, a curar. Freud, a los pocos años de haber formado su movimiento, se percató que para que un analista pudiera trabajar bien y vencer tanto las propias resistencias, como las de sus pacientes, necesitaba de un análisis personal. Si no, corría el riesgo de una mera comprensión intelectual y de no percibir en su analizando todo lo que tocaba su propia conflictiva. Más adelante se vió también la necesidad del análisis propio, para comprender la transferencia del analizando y no caer en la trampa, de referir a sí mismo como persona real, lo que fuera transferido a uno en su papel de terapeuta. Y finalmente sabemos ahora que para la utilización adecuada de la contratransferencia la propia experiencia analítica que trae aparejada la capacidad posterior del autoanálisis, es indispensable. La meta de nuestros grupos sería, por eso, adquirir el instrumento fundamental para el ejercicio de nuestra profesión.

Pero al citar a Freud me refería al análisis individual. El que ofrecemos, transcurre en grupo y, como ya dije, en un grupo institucional, gratuito, preformado y de tiempo limitado. Pero pienso, que es útil que la primera experiencia terapéutica del joven psicólogo clínico sea esta. Porque le servirá de modelo para su tarea futura.

México necesita psicólogos clínicos que trabajen en instituciones, ofreciendo ayuda terapéutica a la población deprovista de mayores recursos. De esta manera no ayudarán únicamente a sus pacientes, sino desempeñarán también una labor preventiva sumamente valiosa. Facilitarán a las familias de bajo nivel económico, adquirir mayor conciencia de su problemática y a educar mejor a sus hijos. De ésta manera colaborarán, a veces hasta sin darse cuenta, en la lucha contra las drogas y en favor de una paternidad responsable. Además, si creemos que la mejor terapia es la que se basa en el psicoanálisis, no tenemos derecho, de limitarla a una élite.

Pero hay otras ventajas formativas que ofrece el grupo al estudiante: ella o él son jóvenes y saben poco del otro sexo. Están educados en un mito sobre como es “el hombre” o “la mujer”. Detrás de este mito hay, muchas veces, desprecio, rivalidad, desconocimiento y miedo. Todos éstos sentimientos y prejuicios suelen esconderse detrás de un trato convencionalmente cordial y hasta detrás de relaciones sexuales. Nuestros grupos son mixtos (con prevalencia de mujeres, ya que son menos los varones que estudian psicología). Es impactante, observar, como recién al tiempo, en el clima íntimo del grupo terapéutico, los sexos aprenden a conocerse mutuamente, no como objetos sexuales y pantalla de transferencias y de proyecciones, sino como seres humanos. Perplejas descubren las muchachas, que también los hombres sufren y tienen miedo y los varones que la mujer no es únicamente un objeto sexual o una copia fiel de mamá, sino un ser que quiere, teme, odia y sufre.

Veamos ahora las otras características. ¿Qué significa que el grupo sea institucional? Debemos tomar en cuenta a este hecho, cuando hablamos de transferencia, ya que esta se establece no unicamente entre los pacientes y terapeutas, sino está también teñido por el vínculo con la institución. Puede darse el caso, de una escisión, donde el terapeuta se tranforma en el objeto bueno, idealizado y la institución en objeto malo, perseguidor. esto se intensifica, si hay un conflicto institucional, como ocurrió en la UNAM. Al luchar los estudiantes por el plan de estudios, también lucharon por la supervivencia del grupo, con un temor constante -pero que hubo que interpretar, porque no lo explicitaron directamente- de no poder “defenderme”, yo extranjera, exilada, contra los ataques de los enemigos. Esta situación no configuraba solamente la escisión en un objeto bueno y otro malo, sino era también una revivencia del conflicto edípico, en el cual el niño se siente impotente en la lucha contra el padre, para “defender a mamá”, tan omnipotente e indefensa simultáneamente. También la huelga se filtró a la situación grupal. Teníamos autorización, de seguir trabajando, ya que se trataba de terapia. Igualmente los integrantes del grupo trajeron poco el tema, pero lo dramatizaron, faltando más que comunmente y quedándose muchas veces en silencio. Pero donde fué más necesario, interpretar la situación institucional consecuentemente, fué en el grupo universitario que no pertenece a la UNAM. Este grupo, que superviso, ya era el segundo intento terapéutico. El primero había terminado “catastróficamente” con la partida del terapeuta. Recién después de varias sesiones, en las cuales tuvo que interpretarse los temores de los diferentes integrantes, de “matar” de vuelta a los terapeutas, con sus sentimientos, es decir, tanto con el amor, como con el odio, los celos y las rivalidades, se podía realmente entrar en la conflictiva más personal.

Los grupos de la UNAM son gratuitos. Es decir, los estudiantes los pagan, al abonar sus aranceles universitarios, pero no lo pagan especialmente. A su vez los terapeutas son maestros de la UNAM y la atención de los grupos equivale a horas de docencia. Entonces el terapeuta recibe un pago mucho más bajo que en su consultorio particular. Mucho se ha dicho sobre la supuesta imposibilidad de trabajar sin remuneración en psicoterapia psicoanalítica. En muchas instituciones, temerosos que la gratuidad perjudique al tratamiento, se cobra a la población desprovista de recursos sumas simbólicas. Pero muchos colegas, como yo también, pudimos comprobar que la psicoterapia se desarrolla perfectamente sin pago, siempre que el paciente no se sienta atendido por “filantropía”, sino dentro del marco de la institución, a la cual también el terapeuta pertenece. Se trata de una extrapolación de lo que Freud dijo con respecto al tratamiento analítico individual, de 5 a 6 veces por semana. Evidentemente, el terapeuta no estará dispuesto a trabajar con un solo paciente gratuitamente tantas horas, ni estará en condición de hacerlo. Y evidentemente tampoco el paciente podrá aceptar esta situación, sin que influya de múltiples maneras en el vínculo tranferencial. Pero que se haya deducido de ahí que un tratamiento pagado por la institución sea irrealizable, conforma un mito, basado en una ideologización que sirve para justificar los altos honorarios privados. Si fuera cierto que un psicoanálisis no pagado personalmente no sirve, el tratamiento de niños o de psicóticos no sería factible.

El tiempo limitado: es el punto menos claro para mí, ya que los grupos que estoy comentando, no terminaron todavía y los grupos hospitalarios que coordiné, eran abiertos y de tiempo ilimitado. En los grupos de la UNAM se estableció un lapso de tiempo dedos años. Parece un tiempo razonable, pero no para transformar estructuras profundas, pero si, para obtener una noción del proceso terapéutico y obtener cambios favorables. Además, no creo que perturbe demasiado el factor de tiempo fijo, ya que se trata de grupos universitarios que, de esta manera, se incluyen en el horario acostumbrado semestral. Pero concuerdo con los diferentes autores, que se ocuparon del tema sobre la necesidad de tomar el factor tiempo interpretativamente muy en cuenta.

Entendemos como grupo preformado a un grupo, cuyos integrantes se conocen previamente y tienen un campo en común. Generalmente los unen lazos de trabajo o de estudio, pueden pertenecer al mismo equipo, por ejemplo. El grupo preformado presenta una dificultad obvia. Es mucho más fácil, mostrarse en toda su intimidad y con todas sus fallas delante de extraños que uno ni ve fuera de la hora del grupo, a la cual se agrega, si mucho, como prolongación la “sesión en el café”, que fente a compañeros. En nuestro caso especial, además, ¿Como mostrar sus debilidades delante de futuros colegas que deberían, el día de mañana, mandarle pacientes a uno? En nuestra profesión, junto con el título universitario se nos exige título de salud mental. Es este que se desvirtúa, muchas veces, en la intimidad del grupo terpéutico. Sin embargo, esta dificultad suele superarse. Pero el ablandamiento tarda más junto con la aflicción por la pérdida del tiempo ya por si limitado, que esto implica. Pude observar, además que curiosamente los vínculos de solidaridad que suelen establecerse en un grupo terapéuticocomún, entre desconocidos previamente, son más fuertes que los que surgen en el grupo preformado; ocurre, tal vez, porque simpatías y antipatías preexistentes los neutralizan hasta cierto punto. También el peligro del acting out, inclusive de la actuación erótica en el grupo preformado es mucho mayor y la posición del terapeuta que desconce situaciones previas y actuales que se dan en la convivencia cotidiana del grupo, fuera de sesión, a veces no es nada fácil.

Veamos ahora, como son nuestros analizando. Como ya dije, la mayoría de ellos son jóvenes y hay más mujeres que varones. Pocos tienen una sintomatología concreta, pero sufren de múltiples inhibiciones. Son sumamente inseguros, para poner un ejemplo sencillo: la mayoría pudo, en el lapso de tiempo ya transcurrido abordar o hasta terminar su tesis, pero al principio esta exigencia académica les parecía un obstáculo insalvable. La dependencia de padres y hermanos solía ser notable. Los varones, en su mayoría mayores que las muchachas tenían experiencia y vida sexual regular, aunque podían tener problemas en este terreno. Las muchachas, por lo general, carecían de experiencia sexual o habían, después de un primer intento traumático, renunciado de vuelta al sexo, aunque fantasearan mucho con “la pareja”. Todos esperaban mucho de la experiencia grupal, aunque temían también lo que pudieron descubrir dentro de sí mismo y los cambios que pudieron sufrir. Estos consistían principalmente en la disminución de temores, tanto frente a la profesión, al pensar y al sexo, como de prejuicos en general y en la adquisición de una mayor independencia.

La admisión fué hecha de diferente manera. Mientras que en los dos grupos supervisados los terapeutas habían hecho entrevistas previas, yo en mi grupo puse, como única condición de entrada que la persona no haya tenido experiencia terapéutica previa, para no obstaculizar a quienes no tuvieron otra oportunidad que la institucional.

La técnica empleada fué la psicoanalítica, adaptada a la situación grupal. Como se trata también de una experiencia didáctica, creo que la seriedad del encuadre y la pureza de la técnica es fundamental, ya que servirá de modelo al futuro terapeuta. A pesar de esto serán invitables ciertas transgresiones del encuadre que provienen de la situación institucional. Ocurrirá, por ejemplo, que un analizando sea simultánemente alumno de su terapeuta. Hay que manejar este tipo de situaciones con tacto y conciencia de las implicaciones transferenciales. Dado que todos eran psicólogs, en las interpretaciones hay que evitar especialmente la intelectualización y todo lo que se presta para un diagnóstico. Igualmente ocurría, que frente a una interpretación, el paciente diga preocupado: “Entonces quiere decir que soy homosexual” o “¿ésto significa algo esquizofrénico?”. Podría decirse que los psicólogos inexpertos sufren de una especie de hipocondría psiquiátrica.

La dinámica del grupo: obviamente la discreción impide el aporte de material clínico. Por eso quiero solamente destacar lo que creo el logro más importante en el grupo de mayor duración, proceso que se está desarrollando también en los otros dos grupos, se rompieron los liderazgos primitivos y los roles estereotipados. Hubo un lento, pero constante aumento de la confianza y comprensión intragrupo.

Fin de análisis: como ya dije, ningún grupo todavía ha terminado. Pero lo que puede esperarse y se vislumbra o, en muchos casos hasta ya se logró, es la adquisición de insight y de la posibilidad de empatía con el otro, la capacidad de autoanálisis, la aceptación de la pérdida de muchas ilusiones sobre sí mismo, una mejor evaluación de la propia historia y las propias capacidades y finalmente la disposición de recurrir en un futuro a otra experiencia terapéutica, si eso fuese necesario.

Si habremos logrado todo eso, creo que hemos trabajado bien y hecho algo útil.

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Publicado en Imago, Revista de Psicología Psicoanalítica, Núm. 2, Nov.-Dic. 1977. Monterrey, N.L.