Carta Psicoanalítica
Psiconálisis en México y en el mundo

Categories

Portada del sitio > Revista Carta Psicoanalítica > Número 7. Septiembre de 2005. > Señas y reseñas > Reseña del Seminario de Jean Allouch L’amour Lacan

Reseña del Seminario de Jean Allouch L’amour Lacan

Ciudad de México. 25-27 de febrero del 2005

Martes 13 de abril de 2010, por Julio Ortega Bobadilla, Luis Tamayo Pérez

[Lacan] pensaba que no podía escribir ni hablar de otra manera para decir lo que creía que debía decir.

John Rajchman[2]

 

Lacan: Anthoriste!

¿Qué insulto espetarían a Jacques Lacan? Con esta provocativa pregunta inició Jean Allouch su seminario L’amour Lacan, organizado por la Revista Litoral de l’école lacanienne de psychanalyse (elp) en el magnífico marco del Auditorio Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología e Historia, el cual alberga una muestra única y excepcional del rico pasado histórico de la mesoamérica precolombina.

Ante un sorprendido auditorio, el psicoanalista francés, alumno de Lacan y figura mayor de la elp, dijo que no se trataba de que tuviera ganas de insultar a Lacan, pero que la cuestión podría quizá plantearse… ¿por qué no? 

Sugirió entonces al público que anotase en un papel los insultos que ellos podrían decirle. Después de un rato, hizo partícipe al auditorio de la injuria que él mismo elegió: anthoriste. Se hizo un gran silencio, pues nadie –o casi nadie– había oído antes esa palabra y menos como un insulto. La figura retórica a la que aludió es un término técnico extraído de algún diccionario especializado. En realidad, se trata de una figura de estilo, concretamente una figura de pensamiento y táctica de argumentación, que refiere a una réplica que riñe de manera contundente la argumentación o definición de un contendiente. 

Allouch con esa pregunta no intentó generar animosidad contra Lacan ni tampoco estimular una catarsis, simplemente, mostrar un rasgo característico de la obra lacaniana: su tendencia a enunciar dos afirmaciones sucesivas, en la que la segunda refuta y hasta contradice a la primera, produciendo lo que Lacan mismo denominó las “varités”.[3]

Este rasgo de la obra lacaniana imposibilita que Lacan pueda ser citado de manera dogmática, pues lo único que se podría hacer sin entrar en contradicción, sería citar aquello que dijo Lacan justo antes de morir. Dicha cualidad o falla, hace “no existir” a Lacan (suponiendo que “existir” consista en sostener resueltamente una proposición).

Así pues, para Allouch, es imposible citar a Lacan sin traicionarlo. No se puede tomar una frase suelta y decir: él piensa esto. Por tal razón Lacan no existe. Dejó a otros la tarea de hacerlo existir. Su posición sólo puede ser dicha por otros (“Lacan es lo que yo digo y lo que ustedes dicen”). Son sus discípulos quienes le han hecho existir, lo cual plantea preguntas: ¿Cuántas existencias de Lacan hay? ¿Quiénes son los que pueden dar existencia a Lacan? No existe "El seminario" sino los seminarios. Para Lacan no había otra opción, sino ser “anthoriste” de sí mismo, contendiente de sí mismo. Ese anthorisme de Lacan impide a sus discípulos evadir su responsabilidad cuando lo citan. De Lacan no puede decirse “él dijo tal cosa y nada tiene que ver conmigo”. Citarlo necesariamente es “Yo digo que Lacan dice…”, es decir, Lacan me obliga a incluirme en su lectura, a responsabilizarme de lo que cito y doy la palabra.

Con respecto al amor en Lacan nos encontramos con este mismo problema. Por un lado, según Allouch, reconoce que Freud tiene razón cuando habla del carácter narcisista del amor. Sin embargo, posteriormente va a esforzarse por atraer el amor del imaginario al simbólico. Freud jamás dijo que el amor es una función imaginaria... eso lo dijo Lacan. El amor que viene desde lo imaginario produce una subducción que también es una seducción. Eso que está en el origen de una tragedia como la del Tsunami, el amor abre la puerta a lo más ingrato. Lo que ama el Yo en el amor es el amor por uno mismo, con la consecuencia de una anulación del Ideal del Yo (“El amor es una forma de suicidio… en eso todos estamos de acuerdo”). Mejor aún, una perturbación del Ideal del Yo.

Así, indicó Allouch, el enamoramiento se apoya sobre el Ideal del Yo que es el Otro siempre en tanto parlante. Pero es aquí dónde puede producirse más de una confusión, porque no hay regulación posible del aparato. Cuando uno está enamorado el Ideal del Yo no se inclina sobre el Yo Ideal.

Es a partir de esta experiencia cuando podemos hablar de un amor con una doble faz, un lado imaginario y otro simbólico: ¿Podrían corresponderse al amor y a la transferencia? En todo caso, están enlazados en un Point de capiton.

Es un enigma extraordinario el cómo, casi al instante, el paciente cae enamorado del analista. Y esto es muy raro porque el analista no tiene ninguna característica en particular. Parecería que el analista se aprovecha de un “automatismo del fenómeno de hainamoración”.[4]

Después de señalar que la transferencia amorosa es una novedad que el psicoanálisis presenta, Allouch analizó el amor desde tres puntos de vista: el pacto, el ternario y el don.

Respecto al primer punto, y contrariamente a lo usualmente afirmado, Allouch sostuvo que el amor no era un asunto de “pactos” pues ello implicaría confundirlo con el matrimonio, el cual, precisamente, puede significar el fin del amor. En el amor no hay un pacto que ofrezca seguridad: “el amor esta lleno de temor inquieto” (Ovidio). Respecto al segundo elemento, el ternario, Allouch refirió que para Lacan el amor era un asunto del orden del ser, una cuestión óntica (y no ontológica) pues, en tales años Lacan ya contaba con el ternario RSI. Para Lacan el ternario Amor/odio/ignorancia constituía la expresión de las “pasiones del ser”. Finalmente, al referirse al “don”, Allouch estableció una discusión con el último libro de J. A. Miller (Los laberintos del amor) donde el director del Champ freudienne afirma que el amor es “deseo, demanda y goce”. Contra tales afirmaciones Allouch señala que, para Lacan, amar no es ni desear, ni pedir ser amado ni gozar del amado. Lacan intentó, quizás, con sus tesis sobre el amor, más bien inventar una nueva perversión sostenida en la transferencia. Y para apoyar sus afirmaciones citó el libro de García Márquez Memorias de mis putas tristes: “el sexo es para consolarnos por el fracaso del amor”.

Posteriormente Allouch encaminó su seminario a estudiar las tesis sobre el amor presentes en el seminario La relation d’objet, pues “es ahí donde se encuentra el bâti (el esqueleto) de la concepción del amor de Lacan”. Para ubicar la cuestión refirió antes lo afirmado por Lacan en la sesión del 12 de mayo de 1955 (Seminario Le moi dans la théorie de Freud et dans la technique de la psychanalyse), donde el psicoanalista planteó al amor como espejismo: “El amor es un espejismo. Vamos de espejismo en espejismo”. Acto seguido refirió lo planteado por Lacan el 8 de junio de 1955 sobre la fidelidad en el amor y al respecto narró una anécdota: “En una ocasión una mujer me preguntó: ¿qué piensa de la infidelidad? Y le respondí: “la infidelidad no existe”… ¿cómo pude decirle eso?” Allouch sostuvo que pudo responder de tal manera, y contra toda evidencia estadística, porque para que ocurra una infidelidad es necesario que las condiciones requeridas por la fidelidad ya no estén presentes, por tanto es posible y correcto plantear que no existe la infidelidad… ni la fidelidad tampoco: “el perro mas fiel nunca hizo un pacto de fidelidad”, decir “te amaré siempre resulta sospechoso”, “te amaré hagas lo que hagas es insoportable para el hijo y lo convierte en un tirano doméstico”.

Posteriormente Allouch discurrió sobre “el amor en la psicosis”. Para abordar el tema refirió la frase freudiana: “el psicótico ama a su delirio como a sí mismo”, la cual llevaba al analista vienés a sostener la inexistencia de la posibilidad amorosa en las psicosis. Allouch señaló si bien es cierto que el psicótico sólo puede aprehender al otro como significante (y para ello citó la sesión del 31 de mayo de 1956 del Seminario Las psicosis: “donde la palabra está ausente, ahí se sitúa el eros del psicozado (psychosé)), eso no quiere decir que le esté negada la posibilidad de amar, simplemente lo hace de otra manera.

Posteriormente revisó el caso de la Joven homosexual, el caso Dora y el texto sobre el fetichismo de Freud para, con su apoyo, resolver la pregunta “¿qué hay más allá del amor?, ¿a qué se apunta más allá del amor? Lo cual resolvió de seis maneras:

1. Lo que busca el amor es la instauración de la falta. No era otra cosa lo que la joven homosexual pretendía de Leonie von Puttkammer, su dama.

2. Lo qué esta más allá del amor es el falo: “en el amor más idealizado lo que se busca en la mujer es lo que le falta, lo que está más allá de ella, el falo”.

3. El amor como Don: “la joven homosexual trata a la dama de manera caballerosa, le sirve sin esperar nada, este servicio tiene el carácter de un don”.

4. El amor es un don de lo que el amado no tiene: “si la dama es amada es precisamente porque no tiene el falo, pero tiene todo para tenerlo pues es la elegida”.

5. El amor es dar lo que no se tiene: El Padre de la Dora freudiana es el ejemplo paradigmático de: “sólo puede dar lo que no tiene”. Y posteriormente generaliza: “no hay un mayor signo de amor que dar lo que no se tiene”.

6. El amor por nada (pour rien). Para estudiar este punto, Allouch refirió el texto freudiano sobre el fetichismo: “si el símbolo es el asesino de la cosa, el don de amor, en tanto simbólico y don de un símbolo, tiene que ser un don de nada”. El fetiche, en tanto velo, es un don de nada.

El amour pour rien revela el carácter óntico de la experiencia amorosa: el amor apunta al ser, devela nuestro carácter más íntimo: la falta. Cuestión conocida desde siempre por lo poetas: “¿De qué es de lo que hace signo la poesía? De das Ding”.

Cuernavaca/Xalapa, 2 de julio del 2005

 


[1] Hemos tratado de hacer una versión que atienda a lo sucedido. Tratamos de guardamos de nuestras opiniones que pueden diferir de lo que ha expresado el ponente, o los ponentes pues, además de intervenir Allouch en el seminario, presentaron sendas ponencias Pola Mejía Reiss, Jesús Martínez Malo y Manuel Hernández García.

[2] Lacan Foucault y la cuestión de la ética, Epeele, México, 2001, p. 13.

[3] “El nombre retórico de las varités es el anthorisme”. En la entrada “varité” de los Comentarios a neologismos de Jacques Lacan, Marcelo y Nora Pasternac escriben: “varité, sustantivo. Neologismo en forma de sustantivo por condensación de variété (variedad) y vérité (verdad)”, Epeele, México, 2003, p. 299.

[4] Neologismo que conjuga el vocablo “haine” (odio) con el de (s’) enamourer (enamorarse). Cfr. Pasternac, M., Pasternac, N., Comentarios a neologismos de Jacques Lacan, Epeele, México, 2003.

Comentar este artículo